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La seguridad ciudadana en Latinoamérica hacia dónde vamos

 

Hoy vivimos en la región más peligrosa del Mundo, nuestras ciudades lideran los índices de tasas de homicidios del mundo, y también existe un incremento exponencial de los delitos que sufren los ciudadanos principalmente urbanos de nuestros países en la última década.

 

En muchos de nuestros países es considerado el principal problema por parte de los ciudadanos, desplazando a temas como el empleo e incluso a la propia pobreza, ya que sin duda la falta de seguridad es una de las caras más feroces de la pobreza no económica, la pregunta es si nuestros países y gobiernos están actuando en forma correcta para hacer frente a este problema, y lamentablemente la respuesta es que no.

 

Por qué es que nuestros países no actúan en forma eficiente frente a este problema, las respuestas son múltiples pero en este artículo tocaremos algunas de ellas:

 

1. Falta de una visión holista: La seguridad ciudadana tiene por los menos cuatro actores claves, la policía del país, la función de los ministerios públicos o fiscalías, los sistemas judiciales y los sistemas penitenciarios, por lo general tanto los ciudadanos como los gobernantes no tienen una mirada sistémica del problema, y por tanto solo ven parte del problema atribuyendo por lo general el problema en forma casi exclusiva a las policías.

 

2. Falta de institucionalidad, políticas públicas y de priorización de la seguridad ciudadana: Sin duda uno de los factores que mantienen a Latinoamérica en el sub desarrollo a pesar del crecimiento económico de los últimos diez años es la falta de institucionalidad, hacer frente a problemas complejos y de gran magnitud requiere de instituciones fuertes, con profesionales de altas competencias y capacidad de gestión, lamentablemente esto no ocurre y por tanto esta falta de institucionalidad no permite que sea un paraguas que proteja la elaboración y sostenibilidad de las políticas públicas en materia de seguridad ciudadana de largo plazo.

 

También es cierto que pocos países tienen políticas públicas que nos marquen el camino respecto de que, como, cuando y con cuanto vamos a abordar la solución al problema, y esto implica que necesariamente la política pública prevea acciones en los 4 actores ya mencionados anteriormente, y por tanto mucha articulación entre los poderes del estado, entre las instituciones tutelares de los gobiernos, y con los gobiernos sub nacionales.

 

Finalmente es claro que la seguridad ciudadana está en boca de todos y la agenda política, pero no es apropiadamente priorizada, si ven la inversión pública en los

 

diferentes niveles de gobierno respecto del interés público veremos con mucha decepción que las asignaciones presupuestarias son mínimas.

 

3. Falta de información oportuna y confiable respecto del crimen: Una de las dificultades que sufren quienes hacen políticas públicas, o diseñan reformas en materia de seguridad ciudadana, es la falta de información oportuna y veraz, la “cifra negra” entendida esta como el número de delitos no denunciados y registrados en la región es del 70 al 80% de toda la victimización de un país.

 

Esto es consecuencia por un lado de la impunidad percibida por el ciudadano, la falta de confianza en las instituciones y en algunos casos por los altos costos transaccionales de realizar las denuncias. En realidad se ha hecho muy poco a pesar de los adelantos tecnológicos en revertir esta situación.

 

Frente a esto algunos países han optado por tener observatorios del crimen o violencia, y en el mejor de los casos estos realizan además encuestas de victimización y percepción. Si bien esta medida es correcta en la mayoría de los casos es una condición necesaria más no suficiente para tener la información. En muchos casos se carece de una cobertura suficiente respecto de la información, en otros los observatorios carecen de capacidad de análisis y de articulación de la información con los actores públicos y privados, las metodologías varían de país en país, e incluso dentro un mismo país de gobierno a gobierno, lo cual hace que por un lado la información no tenga comparabilidad internacional, y de otro es que el propio país no tenga la capacidad de hacer análisis longitudinal.

 

4. La corrupción flagelo y parte del paisaje Latinoamericano: Sin que esto pretenda desalentar que se puede mejorar ostensiblemente el tema, tenemos una región sumamente corrupta, la mayoría de los países considera que su policía es corrupta, y esto impacta en la relación entre los ciudadanos y las fuerzas policiales, pero no es una percepción es una realidad, pocos países en la región tienen policías eficientes y probas.

 

Los ministerios públicos o fiscalías y el poder judicial tienen una larga trayectoria de corrupción y de ineficiencia, lo que hace que aun teniendo una mejora en el sistema policial, el número de procesados y sentenciados sea aún muy bajo, se produce entonces el efecto de la puerta giratoria en donde los que se encuentran al margen de la Ley, una vez capturados en poco tiempo están fuera en las calles nuevamente.

 

Finalmente salvo raras excepciones, en Latinoamérica las cárceles son autorreguladas por los propios privados de libertad, el hacinamiento y las condiciones infrahumanas de los centros penitenciarios nos remonta a siglos atrás en donde nunca se podrá esperar algún tipo de rehabilitación, y en este escenario la corrupción campea, usted en una cárcel Latinoamérica va a encontrar todo lo que está prohibido, desde habitaciones de lujo, drogas, armas, celulares, etc. Lo peor de todo es que los privados de libertad continúan sus actividades delictivas desde los centros penitenciarios.

 

5. La cultura de copiar y pegar: Si bien es cierto existen buenas prácticas en materia de seguridad ciudadana, muchísimos gobiernos y lo que es peor aún muchísimas instituciones multilaterales, y supuestos expertos en materia de seguridad publica pretenden repetir sin mayor análisis lo realizado en un país en otro, es como si las soluciones no tuvieran que ver con las realidades de cada país, sus instituciones, su idiosincrasia, su realidad económica, su capacidad de gestión, entre otras muchas variables, cualquier persona que conoce Latinoamérica sabe que tenemos similitudes, se podría incluso decir que los mismos problemas, pero bajo contextos absolutamente distintos.

 

La receta es que no hay receta, a diferencia de la referencia culinaria mencionada, aquí no se puede cortar y pegar, se deben hacer diagnósticos serios e integrales, se deben construir las políticas públicas y reformas una a una, y todas van a ser diferentes en sus acciones concretas, intensidades, actores, planes de implementación, muchas veces estamos comprando lo que no necesitamos.

 

6. Falta de apoyo político: Como ya mencionáramos está en la agenda de todos los gobiernos sin asignaciones presupuestarias correctas, esto ya connota la falta de priorización real del tema en los políticos, lo que si es necesario es un presidente comprometido con el tema, que participe activamente en cambiar las inseguridad de su país, que articule con las instituciones tutelares, sin el apoyo político las instituciones y las políticas públicas estarán inexorablemente condenadas al fracaso.

 

Los políticos por lo general no son estadistas y por ello temas como la inseguridad ciudadana son tratados más que en buscar una real solución al problema que obviamente trascenderá a su periodo de gobierno, en una agenda mediática, en donde los titulares guían el accionar respecto de la acción real del gobierno.

 

Finalmente Aprosec viene trabajando en estos temas hace más de 20 años, lamentablemente el delito ha avanzado con mucho más velocidad que las soluciones, todo apunta a pensar que en diez años será incontrolable, desde esta columna hacemos un llamado a la reflexión, a la acción y pensar que podremos dejar a nuestros hijos países más seguros.

 

Aldo Ortiz Anderson

 

Director de Aprosec

 

División de seguridad publica

 

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